En el andar de los desérticos deposité mi alma en penumbras como quien busca en ojos ciegos el color de una pasión, caminando a tumbos por los ríos que se llevan paz, distancias acertadas entre castas de verde-azul, manos frías de tacto muerto por amor sin amor, flores secas de hielo carbón. Todo el todo tras un vacío sin final, sentada la pereza espera una emoción sin canción; ni calor ni pena, solo estar sin ser, ser sin estar, pasar sin oler el aroma de cielos nubarrones, de césped arrancado.
Masoquistas de franqueza, no hay quorum en esta libertad tan ultrajada; los pies sobre lodo hasta las rodillas; la razón: qué dolor, qué pena. Hace ring, hace rang la alegría que se va, o que jamás estuvo; yo soy la viudita que no consigue pensión cobrar y que pan no alcanza a comprar. No me mires, siente. La farolera que pasó por el cuartel nadie la volvió a ver y hoy es una entre miles. No sospeches, créelo.
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