Nunca me gustó el juego de té, nunca jugué a la mamá, nunca me interesó formar una familia o ser ama de casa, tenía unos autitos y también un tren. Una vez me creí maga con un libro y una varita. Papá Noel y Los Reyes me visitaban cada año. Tocaba el teclado. Me sentaba los sábados a esperar a mi bisabuelo y sus galletitas. Corría hasta que las piernas no daban más y después seguía corriendo. Un día me atrapó Bécquer y no quise escapar. Una tarde me caí de la bici sobre espinas y mi mamá se pasó el resto del día sacándomelas de la pierna. Tenía el cabello largo, realmente largo, mi abuela me lo recogía cada mañana en una cola para ir a la escuela. Me gustaban los bombones y los chupetines que mi abuelo me traía por cantidad a fin de mes. Nunca tuve varicela, nunca fui a Bariloche. Tuve amigos, muchos, demasiados quizá. Una vez me peleé a trompadas con un chico en el patio de varones. Conocí a mi padre a los 15 años. Una vez vi a Les Luthiers en vivo e inclusive hablé con ellos. Tuve un primer beso. Cometí errores, miles. No fui abanderada, no fui promedio más alto, no fui asistencia perfecta, no fuí… Fuí el mal ejemplo, fui la impulsiva, fui el descarte, fui la vergüenza, fui el enojo, fui el enojo, fui…Me sentí muy sola, me limité a soñar. Más de una vez me insultaron por la calle. Alguien me dió la espalda, alguien me denigró, alguien me señaló, alguien murmuró. Se rieron de mí y también conmigo. Creo que una persona lloró por mí, al menos me gusta creer que así es, que me extrañó o me necesitó o, al menos, me quiso. Yo sufrí por amor interminables madrugadas, eché de menos a mucha gente. Tuve miedo al fracaso, tuve suerte en el juego. Usé ortopedia dental y también anteojos. Lloré con “Tango Feroz”, lloré con “La Noche de Los Lápices”, lloré con Charly cantando “Confesiones de Invierno”, lloré con Dante cantando “Húmeda”, lloré, sí, lloré. Me regalaron un libro de LA GARBO para un cumpleaños. Dije “te amo” mirando a los ojos. Me emborraché en año nuevo.
No sé qué es exactamente esto, quizá soy un poco yo en un papel que era blanco; sólo recuerdos inconexos de mi vida que dan vueltas y quieren ser contados, tal vez es sólo la influencia de ésta mañana de otoño, con mi taza ya sin té y el cigarrillo ya apagado, en que el sol se tarda más que demasiado y el reloj se escucha más que fuerte. Más bien creo que es una larga palabrería para contar que hubo una vez en que quise morir.-