Fui a un kiosco a comprar birra, ahí cerquita de donde nací hace 39 años. Iba para el 24 de siempre pero decidí quedarme en manso negocio que estaba antes... Y lo ví: era el flaco que siempre le fiaba a mi abuela cuando vivía, y le contaba de las ofertas, y la ayudaba con las bolsas.
En esa época, hace más de 10 años, el tenía un localcito bajo el monoblock y JAMAS, aunque a él mismo le costara pagar sus deudas y proveedores, trató mal a mi abuela o le negó la comida (o algún capricho) .
Hoy caí a este local, todo vidriado, con aire acondicionado, empleados, tremendas ofertas.
Y nos vimos... Lo ví... Me vio... Y ambos casi nos pusimos a llorar.
Cuando fue mi turno el dueño se acercó y le dije "Qué felicidad me dio verte" y sin ningún disimulo me respondió "a mi también". Le pregunté si quería saber porqué (aunque ambos sabíamos la razón de esa felicidad en mirarnos) y me dijo "si, a ver".
-Porque verte me recordó a mi abuela. Y respondió -A mi también.
Y casi casi que no lloramos.
Hablamos una rato de Doña Rosita mientras me pasaba la birra y de lo felíz que se sentiría de ver su crecimiento y el me dijo que no hubiese sido posible sin la fe de ella por él que tenga tan gran empresa.
Nos despedimos, con los ojos vidriosos como dibujo animado, y mientras me alejaba mis auriculares sellaron el pacto con lo que sonó
Mis oídos ya no sienten las palabras de la gente que alegra mis mañanas...
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